jueves, 19 de mayo de 2011

Conferencia: La producción cerámica cordobesa durante la Baja Edad Media. Laura Aparicio


Curso Las producciones cerámicas Tardomedievales y Modernas. Materiales, métodos de estudio, técnicas analíticas y enfoques de la investigación. 

Director: Alberto García Porras. Universidad de Granada
 
Fecha: del 1 al 3 de junio de 2011
Duración: 22 horas (16 horas teóricas – 6 horas prácticas)
 

Laura Aparicio Sánchez
Arqueóloga

Conferencia en el curso (ver programa completo):
  • La producción cerámica cordobesa durante la Baja Edad Media
Nuestra aportación al curso arriba señalado aborda el estudio de un conjunto material cerámico, recuperado en un testar del barrio alfarero de “las Ollerías” de Córdoba. Fechado entre los siglos XII al XIV, este conjunto amplía el exiguo conocimiento que disponemos del repertorio cerámico al uso en nuestra ciudad en la transición del período islámico al bajomedieval cristiano.

Respecto a las formas, con sus correspondientes tipos y variantes, la variedad es considerable, presentando ahora un avance de las más características así como de los paralelos más próximos encontrados. Entre ellos, destacamos tres conjuntos cerámicos procedentes de Córdoba similares en cronología al nuestro:

-Conjunto de materiales cerámicos bajomedievales de un pozo de agua colmatado en la Plaza de Maimónides de Córdoba, del sigo XIII (MORENO y GONZÁLEZ, 2003).
-Vertedero urbano tardoalmohade de la Pl. de Santa Marina de Córdoba, de finales del siglo XII y primer tercio del siglo XIII (SALINAS, 2007).
-Yacimiento de Cercadilla: materiales procedentes de los niveles de construcción, uso y abandono de una instalación agrícola e industrial del siglo XII y de un vertedero del siglo XII y principios del siglo XIII (FUERTES, 2009, 2010).

Indicar que, a diferencia de los anteriores, la procedencia de los materiales aquí presentados, un testar del barrio alfarero de “las Ollerías”, nos permite establecer la producción local de éstos.


CONSIDERACIONES GENERALES

En Córdoba, como ocurre en el Sureste peninsular en el siglo XIII, las marmitas y cazuelas que se realizan a partir de la segunda mitad del siglo XII presentan variaciones técnicas. Las nuevas ollas se realizan ahora a torno rápido, consiguiéndose unos productos de paredes más finas. También comienza a generalizarse el vidriado interior de las piezas que facilitarán su limpieza. En definitiva se produce un refinamiento de la vajilla de cocina.
Las cazuelas de costillas de tradición almohade continúan en el siglo XIII y perduran hasta el siglo XIV aunque con variaciones.
El conjunto de formas abiertas (ataifores, jofainas y cuencos) se aleja de los modelos califales y taifas por la ausencia casi total de la técnica decorativa del “verde y morado”. Los ataifores destacan por sus carenas muy marcadas y los pies anulares, algunos con dos asas transversales.
Los grandes contenedores de agua como las jarras de acarreo son piezas importantes y se suelen decorar con trazos sencillos en manganeso o almagra. En otros tipos muy numerosos de jarros/as lo significativo son sus bordes carenados y la ausencia de decoración.
Las jarritas presentan pies relativamente altos y ausencia de decoración. Otros tipos de jarritos/as sí tratan sus superficies con engobe rojo o negro. En cuanto a los ejemplares vidriados destacan por sus perfiles angulosos a base de carenas.
Los tipos de tapaderas con asidero central y perfil curvo y las tapaderas acampanadas son muy abundantes en la primera mitad del siglo XIII.
Los alcadafes o lebrillos aunque son piezas con una perduración muy grande con escasa evolución formal, difíciles de fechar, presentan alguna evolución en sus bordes que pueden ser moldurados y muy caídos, y destaca la impresión de cuerdas en su borde. Además aparecen tipos nuevos, como los de paredes curvas con labios desarrollados y caídos, con asas que arrancan del mismo borde y decorados con meandros a peine bajo el borde.
Los soportes para vasijas son muy sencillos y contrastan con los documentados en el Sureste peninsular de mayor calidad técnica, como los reposaderos de estructura arquitectónica para tinajas de Siyasa (Murcia).
Los candiles de piquera con fuerte reducción de la cazoleta que apenas sobrepasa en anchura la propia piquera no pueden ser fechados antes del siglo XII.
A finales del siglo XII los candiles de piquera evolucionados se ven sustituidos por los de cazoleta abierta y de pie alto, innovaciones sin duda de origen oriental que llegan a la Península Ibérica hacia mediados del siglo XII.
La cazoleta es de base plana, paredes rectas ligeramente exvasadas y la piquera un simple pellizco en la pared a la que se enfrenta el asa que arranca del labio de la cazoleta. Son de cronología almohade, último tercio del siglo XII y primera mitad del siglo XIII. El tipo perdura durante el siglo XIII.

En cuanto a la decoración y tratamiento de las superficies, los engobes suelen ser rojos o negros y no siempre cubren la totalidad del recipiente sino que se pueden aplicar sólo a la superficie exterior, ofreciendo el interior chorreones. A su vez se decoran con motivos en pintura blanca como líneas y círculos a pincel o con digitaciones. El vidriado está muy presente. La variedad de tonos y matices es significativa, jugando un importante papel los verdes oscuros muy brillantes. En ocasiones los vidriados se decoran con trazos o manchones en manganeso. Los fragmentos decorados con la técnica de cuerda seca aunque presentes son escasos. Esta técnica se inicia en los últimos años del Califato, desarrollándose sobre todo en el siglo XI, en el que destaca la modalidad de la cuerda seca parcial sobre la total.

Por último y en lo que respecta a la transición del período almohade al cristiano, se da una fuerte pervivencia de elementos almohades en el inicio del período cristiano. Aún así, en el siglo XIII se aprecian modelos nuevos como la ausencia de cerámica pintada, la proliferación de engalbas blancas y de las cazuelas/fuentes de visera, las últimas formas de gran presencia en el siglo XIV. Además, en el siglo XIII se intuye la trascendencia que van a tener los vidriados, sobre todo los verdes y melados y los blancos. Los diferentes tipos se caracterizan por la angulosidad de las formas, con carenas pronunciadas y fuertes inflexiones en la zona de transición de la pared a la base.








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